Disparity Into Harmony: Red Bull Flying Bach

Dance performed by the Flying Steps

Music based on the composition by Johann Sebastian Bach

Para Español, hacer clic aquí

“Dissonance is the truth about harmony

– Theodor Adorno

Cultures collide but ultimately coalesce in this presentation of hip-hop meets baroque featuring dance troupe Flying Steps and Johann Sebastian Bach’s “The Well-Tempered Clavier.” The video follows the convergence through the phases of antagonism, uneasy co-existence, and congenial collaboration.

At the video’s outset, modern-day B-boys attired in flannel shirts, hooded sweatshirts, baggy jeans, and sneaker shoes relentlessly haze an 18th-century music world mired in diminished global relevance, represented by a sole dancer clad in bare feet and a ballet skirt. The merciless taunting eventually drives our lone figure into a mad scream, signaling the unhinging of a once-dominant art form.

Despite her consignment to the periphery of popular culture, our baroque agent diligently perseveres in her craft. One of the offending B-boys takes an interest in the fluidity of the ballet and emulates her movements. An awkward courtship ensues, with one dancer borrowing aspects from the other in a choreography embodying curiosity and confoundedness. Unable to find similitude, brutishness brings the encounter to a violent end. Our ballet dancer scurries into seclusion, leaving our B-boy ruing the lost opportunity at fellowship and innovation.

The aforementioned B-boy retreats into an introspective dance, focusing on the nuances of his style. Each wave, glide, and rotation builds upon the one before, culminating in a frenetic, everlasting headspin whose centrifugal force expels all ego from the craft.

Freed from conceitedness, the B-Boys reunite onstage. As the sounds of a harpsichord fill the night air, the dancers acclimate their spins and acrobatics to the baroque music. Soon after, booming bass and scratch-backed drum beats weave themselves into the new fabric, as does our once-ostracized ballerina. By the end of the performance, ballet, breakdance, bass, and baroque have unified into a powerful and singular force, a reminder of the heights that disparate elements may attain when harmony becomes the goal.

– Alvaro


Baile interpretado por the Flying Steps

Música basada en la composición de Johann Sebastian Bach

La disonancia es la verdad sobre la armonía.”

– Theodor Adorno

Las culturas chocan pero finalmente se fusionan en esta presentación de hip-hop y Barroco con el grupo de baile Flying Steps y “El Clavier Bien Templado” de Johann Sebastian Bach. El video sigue la convergencia a través de las fases de antagonismo, coexistencia incómoda, y colaboración amigable.

Al comienzo del video, los B-boys de hoy en día ataviados con camisas de franela, sudaderas con capucha, jeans holgados y zapatillas deportivas hostigan implacablemente un mundo de la música del siglo XVIII sumido en una relevancia global disminuida, representado por una única bailarina vestida con los pies descalzos y una falda de ballet. Las burlas despiadadas finalmente llevan a nuestra figura solitaria a un grito loco, lo que indica el desmoronamiento de una forma de arte que alguna vez fue dominante.

A pesar de su expulsión a la periferia de la cultura popular, nuestra agente barroca persevera con diligencia en su labor. Uno de los B-boys infractores se interesa por la fluidez del ballet y emula sus movimientos. Se produce un noviazgo incómodo, con un bailarín tomando prestado aspectos del otro en una coreografía que encarna la curiosidad y la confusión. Incapaz de encontrar similitudes, la brutalidad lleva el encuentro a un final violento. Nuestra bailarina de ballet se esconde en la reclusión, dejando a nuestro B-boy lamentando la oportunidad perdida de compañerismo e innovación.

El susodicho B-boy se retira a un baile introspectivo, enfocándose en los matices de su estilo. Cada ola, deslizamiento y rotación se basa en la anterior, culminando en un giro de cabeza frenético y eterno cuya fuerza centrífuga expulsa todo ego del arte.

Liberados de la vanidad, los B-Boys se reúnen en el escenario. Mientras los sonidos de un clavicémbalo llenan el aire nocturno, los bailarines aclimatan sus giros y acrobacias a la música barroca. Poco después, el bajo retumbante y chirridos rítmicos se entretejen en la nueva tela, al igual que nuestra bailarina anteriormente condenada al ostracismo. Al final de la actuación, ballet, breakdance, bajo, y barroco se han unido en una fuerza poderosa y singular, un recordatorio de las alturas que pueden alcanzar elementos distintos cuando la armonía se convierte en el objetivo.

– Alvaro

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